CEC

CEC

jueves, 19 de mayo de 2016

carta abierta a los profesores y profesoras consolidados

Carta abierta a los profesores y profesoras consolidados
Por Acharya Díaz Painén
Estimados colegas, frente a la expresión de algunos de no haberme escuchado durante la jornada de reflexión sobre la actualización del Marco para la Buena Enseñanza es que me hago partícipe, a  través de esta carta abierta. Hoy día escribo porque me gusta y lo siento necesario, porque siento necesario comunicar y porque sé que es el día en que muchos y muchas se atreverán y tendrán la disposición de escucharme a través de esta lectura. Escribir es un ejercicio expresivo y comunicante y leer, un ejercicio activo de aprendizaje. Sí, hoy día podemos aprender, es la hora de aprender.
El plenario causante de esta carta debe ser un hito, un hito en la construcción de una nueva Consolidada, un hito que marque un nuevo antes y un nuevo después de los que han sucedido durante los más de 100 años de la historia de nuestra escuela. Un momento en que nos miramos a la cara y nos decimos: yo te conozco, tú eres un buen profesor, eres una buena profesora; te conozco, tú amas educar, te conozco, tú amas aprender; tú eres como yo, tú vives lo que vivo, y sientes lo que siento cuando vives lo que vivo, porque lo que siento está articulado por los mismos espacios, los mismos olores, los mismos cabellos, las mismas miradas, los mismos cuadernos, los mismos uniformes, los mismos salones, las mismas pizarras, los mismos problemas, las mismas metas, las mismas esperanzas y los mismos desafíos; te conozco, porque nos cruzamos en los pasillos, porque formamos los mismos niños, porque tuvimos la misma cara cuando cruzamos por primera vez el umbral de esta casa del saber.
Sí, así es, vimos en esa actividad impuesta, extranjera, macrosistémica, una complicidad, un guiño de ojos, un secreto a voces, un entendimiento y una unidad de intereses, nos dimos cuenta que somos todos y todas profesionales de la educación, que lo somos porque queremos y queremos ser lo que somos y que las trabas y trampas que nos limitaban, éramos nosotros mismos, encapsulados en el silencio, enclaustrados en la materia, asfixiados en la monotonía, ocultos en el recelo, mimetizados en la duda.
Pero ya no, ya nada será igual, ya nada debe ser igual, porque aprendimos algo: aprendimos a hablar: aprendimos a decir: proyecto educativo institucional, articulación de programas y departamentos, trabajo colaborativo, integración de lo diverso, amor y humor, pensamiento crítico, reflexión, espacios y tiempos, aprendizaje real, planteamiento común de metas, contextualización de las acciones, comunidad de aprendizaje, coordinación general, liderazgo educativo, liderazgo pedagógico, coherencia del sistema, MBE, SIMCE, PSU, reconocimiento de capacidades docentes, reconocimiento de fortalezas, revisión del PEI, clima laboral, experiencias compartidas, foco en los alumnos y alumnas, respeto por los pares, revisión de resultados, crítica de las prácticas, sistematización de acciones, limitaciones del sistema, trabajo con la familia, comunicación, metodologías diversificadas, planificación grupal, evaluación de desempeños, retroalimentación, escucharse y actuar.
Sí, dijimos muchas cosas, pero silenciamos muchas más, silenciamos muchas más porque estamos aprendiendo a decir lo que queremos decir, porque no sabíamos que podíamos decir, pero ¿es suficiente el decir por el decir? La mayoría de los lectores y lectoras no cree en la teoría educativa o la mira con el desdén del niño hacia lo ajeno, hacia lo desconocido, hacia lo extraño. Entonces, ¿no es teoría lo que decimos y práctica lo que hacemos? Y lo que hacemos ¿Es práctico, es pertinente, es adecuado, es coherente, es lo correcto?¿cómo saberlo?¿cómo saberlo?¿cómo saberlo? ¡oh!, laberinto de dudas espumosas que nos revuelves las ideas que justifican nuestra esencia, ¡dejadme en paz!, decimos atolondrados por lo patético de lo poético en la administración de escuelas. Y continuamos nuestros días mirando el mañana que nos hará libres del mercado en el libremercado, consumiendo el día a día esperando el día en que nos vayamos, en que salgamos por la puerta con más 7,0 o menos 70, con más 1,0 o menos 1,0, con más 4,0 o menos 4,0, con más canas o menos canas. Y continuamos nuestros días mirando el mañana, mirando el mañana, mirando el mañana...
Pero, ¡No!, colegas, no compañeros y compañeras de historia, que eso es lo que hacemos en el día a día, no seremos parte del olvido, no miraremos de reojo los aconteceres, no miraremos de reojo los logros de otros, no miraremos desde fuera la alegría, porque estamos aprendiendo, estamos entendiendo, estamos comprendiendo, que estamos solos y solas en esta comunidad alejada de las decisiones políticas, alejada de las fiestas de los corruptos, alejada de los vicios, de la falta de ética, de lo inmoral, de lo enfermo, de lo ambicioso, de lo mecánico de lo inhumano, del olvido de la justicia, del olvido de la esperanza, del olvido de lo trascendente que es educar. Estamos solos porque a esos hombres y mujeres que deambulan por las calles del materialismo, que pasean por los parques de la codicia, que pernoctan en las capillas de lo insensato, que aletean en las copas doradas de la ignominia, no nos pueden ver, no nos pueden tocar, ya no nos pueden controlar, ya no nos pueden dominar, porque hemos descubierto que estamos solos y solas con otros que también estaban solos y solas, y nos damos cuenta que ya no estamos solos y solas porque solos y solas sumando da compañía, por uno más uno da comunidad, porque usted y yo , colega, somos uno solo, pero grande, uno solo pero gigante, pero enorme, pero fuerte y poderoso, un solo ser comunitario, un solo ser social, una comunidad de expertos y expertas educadores y educadoras, con sed de justicia, con sed de cambio, con sed de gloria, con sed de mejora, con sed de darle a nuestros estudiantes consolidanos la mejor educación que un niño, una niña pueden tener en Chile, en el wallmapu, en el tahuantisuyo, en la china, la mejor educación que nuestro conocimiento, nuestras habilidades, nuestro kimün, nuestra fuerza, nuestro newen puedan otorgar, la mejor educación, la mejor formación, la mejor capacitación, la mejor oportunidad de que por sí mismos y por sí mismas puedan encontrar la felicidad, la alegría, la paz, lejos de la drogadicción, lejos de la delincuencia, lejos de la violencia, lejos de la inquietud, lejos de la angustia, lejos del temor y el sufrimiento, porque cuando decidimos ser maestros y maestras lo decidimos con el corazón lleno de sangre corajuda que ardía por rebasar la sala de clases, que brotaba por los poros buscando su alimento en la sonrisa del que aprende. Así que, lea, colega; aprenda, colega; comprenda, colega: el marco para la buena enseñanza es una trampa del poderoso para controlar nuestras lanzas, nuestros dardos, nuestras flechas, que nada hacen a sus blindados tanques, que nada hacen a sus regios castillos, que nada hacen a sus felices fiestas. ¿Qué digo de la actualización del MBE?
El dominio A es un dominio general que implica los dominios B, C, D. El perfil docente no debiera ser un perfil técnico, sino ético y cualitativo. El docente es un profesional que aprende porque su oficio es aprender. El MBE, no lo hicimos los profesores, lo hicieron fantasmas de profesores que habitan en oficinas mohosas. Mientras más criterios enunciados más se anuncia el descriterio. Un buen docente es lo que nosotros consideramos que es un buen docente: un profesional que escucha, un profesional que crea, un profesional que cree, que dialoga, que siente y se emociona, un profesional que dice, que escribe, que canta y analiza, un profesional que comunica, que organiza, que coordina, que elabora, que respeta, un profesional que motiva, que encanta, que valora, que cuestiona y critica, un profesional que participa, que agrada, que ríe, que llora, un profesional integral, universal, tolerante, moderno y clásico, un profesional que maravilla y se maravilla, que aporta, que discute, que propone.

Entonces, quiero ser un buen profesor, queremos ser buenos profesores y profesoras, pero para ello tendremos que quitarnos las máscaras, ordenar el equipo, estudiar al rival, entrenar duro y coordinar estrategias, encantar a  nuestra hinchada y jugar bonito, porque, por último, aunque perdamos, aunque nos metan la pelota hasta por donde nos e puede, jugamos bien, jugamos con todo lo que teníamos, sacrificamos nuestros egos, dejamos las individualidades y dejamos jugar a los que juegan, los que lo hacían mejor, los que hacían goles, los que manejan la pelota, porque el equipo es de todos y si ganamos, ganamos todos y si perdemos, lo que perdemos es mucho más que un simple y vulgar partido.